Panorama Fronterizo

Policías de Amambay participan en Brasil de una capacitación para prevenir drogas y violencia

 

Policías del departamento de Amambay están participando en el segundo curso Internacional de Formación de Instructores del PROERD (Programa Educacional de Resistencia a las Drogas y a la Violencia), que se lleva a cabo en Campo Grande, Brasil. Esta iniciativa busca transformar a los agentes en educadores capaces de sensibilizar a niños y jóvenes sobre los peligros de las drogas y la violencia.

 

En una entrevista oara Urundey FM, el policía militar Cristian David Colmán Lima, uno de los oradores del programa, explicó que PROERD es un convenio entre las policías militares de Brasil, la Fundación D.A.R.E. (Drug Abuse Resistance Education) de Estados Unidos, y ahora, potencialmente, Paraguay. «Estamos transformando al policía para que sea más sensible, más humano, considerando la visión del profesor», afirmó Colmán, destacando que el objetivo es preparar a los agentes para trabajar en las aulas con niños de quinto grado, preescolares y estudiantes de secundaria.

 

El curso, que comenzó el 27 de julio y se extenderá por diez días, combina clases teóricas y prácticas. Colmán Lima enfatizó que la misión principal de la policía es la prevención, y este programa busca fomentar justamente eso: «Necesitamos promover y fomentar la prevención para que nuestros niños de hoy no ingresen al mundo de las drogas y, naturalmente, la violencia, y después, prácticamente nuestra sociedad quede perdida», expresó el oficial.

 

La delegación paraguaya está conformada por once efectivos de distintas localidades de Amambay, todos bajo la supervisión del comisario Ignacio Muñoz. Entre ellos se encuentran la oficial Nilza Vera, del departamento Antinarcóticos; los suboficiales Antonia Amarilla, Diana Ataya, Ever Javier Saucedo, Giovanni Montañía, Felipe Alcaraz, Víctor Ortiz, Edgar Godoy, Johnny Silva y Carlos Valiente.

 

Colmán Lima también hizo hincapié en la importancia de abordar no solo las drogas ilícitas, sino también las lícitas, como el alcohol y el cigarrillo, señalándolas como «la puerta de entrada» y a menudo patrocinadas, sin intención, por los propios familiares en el hogar.