Desde hace un tiempo que los estaban siguiendo. Vicheaban su andar e iban tomando nota de quienes podrían estar metidos y quienes no. Eran testigos de cómo crecía este “negocio familiar”. Pero lejos de tratarse de emprendedores, estos tipos eran más bien “enviciadores”, porque vendían porquería a granel. Finalmente, la policía se les fue encima.
Fueron cinco las personas detenidas, integrantes de un grupo de distribuidores de dogas que actuaban en “familia”, a la que se sumaban algunos conocidos. Si querían pasar desapercibidos no pudieron porque la fila que había en el lugar para comprar para el vicio los delató.
En el inmueble investigado, en la zona de Cambyreta, los agentes de la Senad hallaron unas 45 dosis de crack o chespi. En el procedimiento acompañado por el fiscal Enrique Fornerón También fueron incautados un arma de fuego y una motocicleta utilizada para otras entregas.
