El micrófono del viento (Oda al periodismo del norte)
Si supiera la joven de oficina y escritorio,
la que firma planillas con desdén y altivez,
que el fútbol no es solo un mapa de territorio,
sino el alma de un pueblo que late una vez y otra vez.
Ignora, en su encierro de muros y asfalto,
que más allá de «Calle Última» la patria es mayor,
que hay voces que elevan el grito muy alto
con el polvo en el rostro y el pecho al calor.
Vino el club del barrio, humilde y vecino,
a buscar en el Norte el calor que no tiene allá;
llenaron la cancha, marcaron camino,
gracias a la prensa que nunca se callará.
¿Qué sería del eco en el estadio vibrante,
sin el relato fiel del cronista local?
Aquel que desprecias, joven ignorante,
es quien le dio al «barrio» un marco triunfal.
Negaste cabinas, cerraste la puerta,
por inmadurez o por falta de visión;
dejaste una herida que se queda abierta
en la noble tarea de la comunicación.
Tal vez pase el tiempo, o tal vez nunca ocurra,
que el club de la Recoleta vuelva a este altar;
y cuando la gloria el olvido la escurra,
sabrás que al interior se lo debe respetar.
Porque Pedro Juan no es solo frontera,
es cuna de voces con garra y honor,
y aunque hoy nos nieguen la silla primera,
seguiremos siendo del fútbol… ¡su gran megáfono y motor!
