Panorama Fronterizo

Un mes de guerra en Medio Oriente: destrucción, diplomacia estancada y escalada impredecible

 

Cuando Estados Unidos e Israel lanzaron su guerra contra Irán el 28 de febrero pasado, sus líderes la justificaron con miras a destruir las capacidades balísticas y nucleares iraníes y, en última instancia, causar el colapso del régimen. Transcurrido el primer mes, esos objetivos están lejos de cumplirse, la República Islámica mantiene el pulso (a costa de su propia población) con ataques en toda la región, tensiona la economía global con el bloqueo al estrecho de Ormuz y es reacio a los intentos de diálogo. Trump parece buscar una salida al conflicto, entre negociaciones infructuosas o una peligrosa incursión terrestre.

 

Personal de emergencia inspecciona un edificio residencial alcanzado por un ataque anterior de Estados Unidos e Israel en Teherán, el 27 de marzo de 2026.

 

Con los ataques a gran escala de Estados Unidos e Israel a Irán el 28 de febrero pasado y la previsible represalia iraní hacia posiciones estadounidenses, israelíes o de sus aliados en el Golfo Pérsico, Medio Oriente se convirtió en escenario de una guerra que sumerge a la región en una era de inestabilidad, cuyo alcance aún está por verse.

 

Un mes de incesantes y mortíferos bombardeos le han permitido a Washington e Israel cumplir objetivos iniciales, como reducir las capacidades de defensa y de lanzamiento de misiles de Teherán o matar a los altos mandos del régimen, incluyendo al líder supremo Alí Jamenei, asesinado en el primer día de asalto.

 

Pero, lejos de la meta de causar su caída, el régimen islámico ha absorbido los golpes y, de momento, parece haberse reorganizado para contragolpear, con una estrategia que apunta a prolongar el conflicto –sin importar demasiado las vidas de iraníes que se sigue cobrando– y maximizar el daño en la economía global y la opinión pública.

 

 

Irán, entre las bombas ajenas y la represión interna

En una guerra aérea que se libra a largas distancias y cuya atención mediática y en redes se centra en imágenes impactantes y debates sobre los costes económicos, es fácil perder el foco sobre la magnitud del impacto sobre las vidas de los civiles.

 

Hasta el viernes 27 de marzo, y a sabiendas de que algunos recuentos son conservadores, el conflicto contabiliza más de 3.000 muertos, la abrumadora mayoría en Irán y Líbano.

 

Según señaló el viceministro de Salud iraní, Ali Jafarian, a la cadena catarí ‘Al Jazeera’ el jueves, más de 1.900 personas, incluyendo 240 mujeres y 212 niños, han muerto en ese país como consecuencia de los ataques estadounidenses-israelíes, que además han provocado más de 24.000 heridos y más de 3,2 millones de desplazados forzados, según cifras de la ONU.

 

Por su lado, un reporte publicado este viernes por las ONG Human Rights Activists in Iran (HRA), Center for Civilians in Conflict (CIVIC) y Airwars documentó, entre el 28 de febrero y el 23 de marzo, al menos 1.443 muertes de civiles, entre ellos 217 menores, como resultado de los ataques de EE. UU. e Israel, cifras que, aclararon, «representan mínimos verificados y se prevé que aumenten».